Desde la Revolución Industrial hasta este siglo, las máquinas y nuevas tecnologías han dado paso a una sociedad automatizada en la que todo se ha vuelto más fácil de hacer o de construir.
Así las cosas, nos enfrentamos hoy a que el mercado ofrece cientos de productos que ayudan a las personas a realizar sus tareas en menor tiempo, trayendo como consecuencia que la vida avance a gran velocidad y cerrando casi para siempre, la oportunidad de realizar actividades solo ayudados por nuestro cuerpo.
De esta manera, tareas tan cotidianas como ir de compras al negocio de la esquina o dejar una carta en el buzón del correo -que quedaban a un par de cuadras de nuestro hogar-, son hoy escenarios casi imposibles de verificar, lo que ha traído como consecuencia una serie de problemas relacionados con nuestro estado de salud general, debido a la falta de movimiento.
Entonces, hoy que comenzamos a conocernos a través de este espacio, quiero extenderles una invitación a todos los que sufren de colon irritable y a aquellos que ni siquiera aún se lo imaginan: tomen conciencia de la necesidad de realizar actividades diarias aprovechando los pequeños espacios de tiempo que disponemos para transformarnos en verdaderas “personas móviles”.
Quiero que piensen que esta movilidad debemos aprovecharla no sólo para comunicarnos, sino también para nuestro propio beneficio e intenten recuperar espacios o actividades que los ayude a dejar de lado la tensión diaria y el envejecimiento prematuro de nuestro cuerpo.
No quiero pedirles grandes cosas, como correr, nadar o hacer una maratón; sólo les pido que intenten desarrollar rutinas sencillas como dejar de lado el auto, sacar a pasear al perro, caminar para comprar el pan por las mañanas del fin de semana o incluso ir en busca del diario al kiosko de la esquina.
Con esto poco a poco verán que una serie de cambios fisiológicos comienzan a registrase y que los problemas que pensamos serían caros de resolver, tienen un principio simple y sencillo: moverse, porque si no me crees pregúntate ¿cuándo fue la última vez que bailaste? y ¿cómo te sentiste luego de hacerlo?
Por Jorge Gutiérrez C., Profesor de Estado en Educación Física


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